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J.M. Diez Resina

EL "RINCON  MUSICAL"
Grabaciones singulares de Grandes Obras Musicales

SCHUBERT - Sinfonía Inacabada

COMENTADO POR JOSE MANUEL DIEZ RESINA                                                                 jmdresina@gmail.com
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Viena 1.814.
Beethoven al piano, trepidante y convulsivo, en su última aparición pública como pianista, ya irremediablemente sordo, está acabando el “più allegro” final de su Concierto “Emperador”. En el fondo de un palco del segundo anfiteatro y con la mirada perdida hay un joven de 17 años, que parece ausente. De repente, el teatro es un ascua de aplausos. El joven, en silencio, abandona el palco. Alguien comenta: “Pobrecillo, no entiende de música”. El joven era

FRANZ SCHUBERT

Se cumplen ya 210 años de la muerte de un genio de la música: FRANZ PETER SCHUBERT (Viena 1.797 – Viena 1.828). Durante sus casi 32 años de vida no hizo otra cosa que no fuera escribir más de 1.000 obras de música entre mayores y menores.

No le distraían los temblores que soportaba Europa por los disparos de  los cañones de Napoleón; ni le seducían los serviles galanteos de Goethe; probablemente nunca conoció la existencia de Goya, ni las excentricidades de Lord Byron...

Extraño en la ciudad y, sin embargo vienés empedernido, tejió, en los salones en los que se ganaba la vida, amores, poesía y dulzura a pesar de su profunda timidez, de su soledad y de una tragedia íntima que le devoraba.

Sus últimas palabras fueron para Beethoven, muerto un año antes, al que veneraba y con el que habló solamente una vez, en 1.822 cuando decidió  presentarle una composición “ Variaciones sobre una canción francesa en mi menor D.624 “ que le había dedicado. Hoy reposan juntos en el cementerio de Viena.

Elegir entre su extensa producción musical sinfónica, pianística, camerística, lieds y religiosa, sin olvidar un buen número de óperas no representadas en la actualidad es una tarea casi imposible. Para el lector interesado en la obra musical de este genio recomendaré, a lo largo de estas colaboraciones, una o dos obras de cada uno de los géneros musicales que Schubert trabajó. En esta ocasión me limitaré a dos obras sinfónicas.

Sinfonía nº 8 en Si menor “Incompleta” D.579

Es una de las diez obras más programadas en los auditorios  de música y una de las más registradas en disco. Sin ser apreciada realmente hasta 43 años después de ser escrita en 1.822 y dedicada por Schubert a la Sociedad de Música de Graz para agradecer su nombramiento como miembro de honor, fue estrenada con éxito en Viena en 1.865,  unos meses después  del estreno  de “ Tristán e Isolda “ de Richard Wagner.

Esta sinfonía concisa, breve y sólida con la forma sonata en su primer movimiento de los dos que tiene, es punzante e íntimamente explosiva. Nos revela un Schubert tímido hasta para expresar su desesperación. Realmente no se atreve a dar un grito de dolor completamente extrovertido y heroico, de dentro a afuera. No. Su dolor nos lo describe en la inmensa intimidad de su tragedia, sin que falte un puntito de humor. ¿Cómo lo logra?

Schubert conocía perfectamente la obra de Beethoven. Asistía regularmente al estreno de sus obras. Cuando concibió el comienzo de su Sinfonía en Si menor tuvo una referencia bastante elocuente de lo que quería decirnos en el comienzo de la Sinfonía en Do menor de Beethoven. Las dos tienen una gran tensión. Las dos se inician con un Allegro. Sin embargo, Schubert nos lo quiere decir de otra manera, de modo que en la Quinta del genio de Bonn su Allegro es con brio, mientras que en la Inacabada es Allegro también, pero Moderato. En la agresiva Quinta el compás es de 2/2 y las notas son corcheas y blancas en ff. En la misteriosa Inacabada el compás es un 3/4 tan del carácter vienés y sus notas son blancas con puntillo y negras en pp. Beethoven cierra los puños al lado de la hoguera. Schubert, sufriendo inmensamente, hasta casi nos esboza una pequeña sonrisa, como si le diese vergüenza confesar su dolor abiertamente. Beethoven nos lleva por un camino en el que no caben las distracciones con su lenguaje musical directo y penetrante, obtenido con ese abanico de triples corcheas de ejecución rápida cortadas por los silencios de negra con un ritmo de vértigo y unos “crescendos” poderosos para preparar su gran explosión. Schubert, a partir del 9º compás nos desgrana, una melodía sinuosa con corcheas, basándose en terceras y de sextas , a veces aumentadas, a veces no, con el tremendo poderío de la tónica y la ayuda de la submediante con las cuerdas más graves, que nos lleva, desde un crescendo a un ff, a unas explosiones más cortas, más punzantes, como si fuesen zarpazos secos. Llega tan agotado al forte que necesita reponerse y respirar con el inicio del segundo tema, lleno de melancolía y de inocencia que se va encorajinando en el desarrollo hasta su final, siguiendo el estricto formalismo de la forma sonata. Llama la atención su gama de contrastes de ff a pp en el sector grave de la orquesta con el gran peso de la tónica nuevamente y con la ayuda de la mediante y de la supertónica.

El segundo movimiento, Andante con moto, en la tonalidad de Mi mayor,
posee una sencilla estructura binaria con una coda. Sorprende de este movimiento su misteriosa e impenetrable belleza, cuya realidad se nos escapa a una contemplación serena por los contrastes dinámicos y por la magia de la  relación entre los grupos melódicos pequeños y grandes. Brahms, años después, quedó impresionado por el refinamiento armónico de este movimiento.

Schubert esbozó el tercer movimiento, el “ Scherzo”, hasta la primera sección del “ Trío”. Todavía hoy se debate la razón por la que nunca concluyó esta sinfonía. El análisis de su bosquejo, en opinión de los estudiosos de su música (Gal y Einstein), revelan un contenido musical que difícilmente puede aproximarse a la original belleza de los dos movimientos anteriores. Uno de los genios de la música en inspiración melódica y en espontaneidad no pudo encontrar una relación perfecta de continuidad. 

VERSIONES DISCOGRÁFICAS RECOMENDADAS.

Una obra, que como he comentado anteriormente, es una de las diez más grabadas en la historia de la discografía, plantea problemas a la hora de recomendar versiones, porque cada uno, sea aficionado o sea profesional, tiene un gusto particular por lo que podíamos llamar “ sonido sinfónico “ con independencia de lo que cada autor musical haya previsto al escribir una obra. Una sinfonía de Mozart, escuchada por una dotación de 100 instrumentistas (Las últimas 6 Sinfonías de W.A. Mozart – Orquesta Filarmónica de Berlín – Director: Herbert von Karajan) nos da un volumen sonoro mucho mayor que lo que oiríamos con la dotación de músicos que previó Mozart. También hay que tener en cuenta la probabilidad de un aumento de atriles en una formación sinfónica si los autores de entonces hubieran conocido la evolución y las posibilidades actuales de los instrumentos.

Algunas versiones, que voy a recomendar, tienen el carácter de  “históricas”, por lo que no será fácil su adquisición, pero no imposible, a través de tiendas especializadas o de Internet. Afortunadamente la situación del mercado discográfico en España ha mejorado mucho  respecto al pasado. Hoy día se están haciendo constantemente reediciones de discos de interpretaciones “ históricas “ con una calidad sonora realmente buena respecto a la que en su día escuchamos.

-Karl BÖHM, director. Orquesta Filarmónica de Berlín.Versión de referencia en todo: fraseo, modulaciones, ninguna exageración  en el paso de lo dramático a lo lírico y viceversa, muy vienesa y nada amanerada.

- Pablo CASALS, director. Orquesta del Festival de Malboro.
El maestro de Vendrell dirigió esta versión con 90 años cumplidos. Su visión es totalmente romántica, apasionada, espontánea y juvenil. La toma sonora fue  recogida  en un concierto público.

- Wilhelm FÜRTWANGLER, director. Orquesta Filarmónica de Berlín.
Fürtwangler  nos sumerge en un profundo  planteamiento  místico, en  el que él mismo se deja llevar por la inspiración de sus músicos. La intensidad y el dramatismo sobrecoge desde los primeros compases.

- Bruno WALTER, director. Orquesta Filarmónica de Viena
Versión inefable de un Walter al final de su vida, llena de genialidad y de poesía con un gran protagonismo de las cuerdas.

- Herbert von KARAJAN, director. Orquesta Filarmónica de Berlín.
Versión ampulosa, puntillosa en su lectura que no la hace nada espontánea, a pesar del rigor técnico y del sentido dramático de la interpretación.

- Sergiu CELEBIDACHE, director. Orquesta Filarmónica de  Munich.
La lectura de esta versión del director rumano esta dotada de un refinado lirismo con contrastes barrocos (luz y sombra) y unos pasajes realmente bellos en los diálogos por grupos instrumentales.

-Eugen JOCHUM. Orquesta Sinfónica de Boston.
Jochum no deja en esta versión un solo detalle anotado por Schubert.
Es un prodigio de rigurosidad en su carácter romántico, en los contrastes dinámicos y en los pasos de una intensidad sonora a otra distinta, llevándonos a un oleaje continuo. El segundo movimiento es conmovedor por su lirismo romántico.

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